INSTITUCION EDUCATIVA EUDORO GRANADA
SEDE AGUSTIN NIETO CABALLERO
GRADO 3.A - 2021
AREA. ESPAÑOL
TEMA. LOS SUSTANTIVOS. PARTE A - PRUEBA SABER DE ESPAÑOL. PARTE B. ACTVIDAD 07. MAYO 18 Y 19
TEMA. EL PARRAFO. ACTIVIDAD 09. JUNIO 01
TEMA. LOS TEXTOS NARRATIVOS
El texto narrativo es el relato de acontecimientos de diversos personajes, reales o imaginarios, desarrollados en un lugar y a lo largo de un tiempo.
¿CUAL ES LA ESTRUCTURA DE UN
TEXTO NARRATIVO?
El texto narrativo es un tipo
de texto que se caracteriza porque en él se cuentan una serie
de hechos o acontecimientos, los cuales pueden ser reales o
ficticios. ... Generalmente, los textos narrativos siguen
una estructura fijada en tres partes: Inicio, nudo y desenlace.
De todos los personajes que aparecen en la
narración, el más importante es el narrador, quien se encarga de
informar al lector de todo lo que ocurre en el relato. Algunos de los ejemplos
más conocidos de textos narrativos son los cuentos, las novelas, las crónicas o
las biografías.Observa el siguiente video...
OBSERVACIÓN. Los estudiantes que tengan dificultades para descargar el vídeo, se les envía el texto de manera escrita.
EL CABALLO PEREZOSO: CUENTO INFANTIL
Había una vez, en una
tierra lejana vivía un comerciante honesto y trabajador, su principal negocio
era la sal. Tenía un caballo que siempre estaba ideando como eludir su
trabajo que consistía en trasportar la sal que el comerciante llevaba a vender
en los pueblos cercanos.
Un día, el caballo como
siempre estaba holgazaneando a la sombra de un frondoso árbol. Cuando se acercó
el comerciante a cargar sobre su lomo un pedido de sal que debía entregar.
_ Hola_ Dijo el
comerciante. ¿Me permites cargar estos sacos de sal que debo entregar sobre tu
lomo?
El caballo lo miró y de
mala gana respondió:
_ Estoy descansando, me
siento agotado de la travesía de ayer. ¿Por qué debo trabajar siempre? _
Y continuó replicando
el caballo: _ Desearía dormir todo el día, pero ¡No! Debo cargar esos sacos de
sal sobre mi lomo y moverme, siempre voy de aquí para allá.
El comerciante sonrió,
paciente y procedió a acomodar los sacos de sal sobre su holgazán amigo. Una
vez listos los sacos sobre el lomo del jamelgo, le dijo:
_ ¡Vamos, caballo!
Comienza a caminar que tenemos mucho camino por delante, cruza el puente y
mientras tanto buscaré algo de comida.
El caballo con mala
cara y arrastrando sus patas comenzó a caminar con toda la lentitud del mundo
hacia el puente y comenzó a cruzarlo cuando de pronto se resbaló y cayó al
agua. Como los sacos estaban llenos de sal, esta al mojarse comenzó a
disolverse. Cuando el caballo salió del agua, se dio cuenta de que los sacos en
su espalda estaban más livianos, entonces el taimado caballo sonrió y pensó:
_ ¡Qué buena idea! Si
me sumerjo en el agua, como los sacos tienen sal, esta se disolverá y pesaran
menos. Esto podría hacerlo más a menudo, eso sí, cuidando de que mi dueño no
esté mirando. _
Cuando llegaron a su
destino y el comerciante entregó la sal. Encontró que había la mitad de lo que
había cargado, pero creyendo que había sido error suyo, vendió la que quedaba y
regresó a su casa.
Pasó la noche y el
caballo, feliz en su establo, se durmió pensando que había encontrado una
magnífica manera de aminorar su trabajo.
A la mañana siguiente,
el comerciante volvió a cargar a nuestro perezoso amigo con sacos de sal para
llevar a vender y fue un momento hasta la casa a buscar su comida.
Viendo esto, el caballo
nuevamente comenzó a caminar antes que él y llegó hasta el puente. Cuando
estaba en la mitad, se detuvo y pensó:
_ Debería sumergirme de
nuevo en el agua antes de que mi dueño llegue. Así tendré menos peso para
recorrer el camino_ y dicho esto, fingió un resbalón y cayó nuevamente al agua
como había sucedido el día anterior. Se quedó en ella por unos minutos para que
parte de la sal que llevaba a cuestas tuviera tiempo de disolverse.
Nuevamente al llegar a
entregar la sal, esta pesó menos. El comerciante se encontraba muy confundido y
no se explicaba lo que estaba sucediendo, cada vez los sacos pesaban menos.
El caballo se lanzaba
al agua a propósito todos los días y así los sacos cada vez eran más y más
livianos. Un día el comerciante siguió al caballo sin que este se diera cuenta.
Y escondiéndose entre unos arbustos observó lo que el caballo estaba haciendo.
Con sorpresa vio lo que el caballo hacía y comprendió el motivo por el cual los
sacos pesaban menos al llegar a su destino. Entonces dijo:
_ ¡Que caballito tan
taimado! Voy a enseñarle una lección a este caballo perezoso_
Sin decir nada, como
todos los días llevó su carga a vender, pero ahora sabiendo que solo llegaría
la mitad. Regresó a su casa y estuvo mucho tiempo pensando que haría para
enseñar una buena lección al perezoso de su caballo.
Al día siguiente, como
siempre llevó los sacos llenos hasta el jamelgo y los puso en su lomo. Pero
ahora había una diferencia en la carga, porque en lugar de sal, había puesto
algodón en ellos.
Como todos los días, el
caballito se dirigió diligentemente al puente y como siempre hacía, se lanzó al
agua a propósito. Pero cuando cayó al agua y el algodón se empapó comenzó a
ponerse cada vez más pesado.
_ ¡Oh no! _ Pensó
nuestro amigo _ ¿Qué está pasando? _ se preguntó angustiado al sentir que su
carga pesaba cada vez más. Se sumergía una y otra vez, tratando de disolver lo
que el pensaba que era sal. Pero solo lograba que el algodón se empapara más y
más aumentando así su peso. Como pudo salió del agua y con mucha dificultad
comenzó a cruzar el puente, sentía que su espalda le dolía mucho por el peso
que llevaba.
Se sentó en el suelo
jadeando por que los sacos estaban muy, muy pesados. Entonces el comerciante
que estaba observando toda la escena, se acercó hasta donde estaba el caballo y
riendo le dijo:
_ Caballo, éste es tu
trabajo, yo soy tu dueño, Yo trabajo muy duro y me gusta lo que hago. No busco
excusas ni engaño a nadie para evadir mis responsabilidades, espero que hayas
aprendido la lección. Ven para quitarte ese peso que no te deja caminar, sabes
que nunca pondría sobre ti una carga mayor de la que puedas transportar.
Desde ese día en
adelante, el caballito nunca más intentó evadir su trabajo ni sus
responsabilidades. Se convirtió en el mejor compañero del comerciante.




